El Pentágono Abre Una Nueva Puerta a la Capellanía

La creación de una Oficina de Asuntos Religiosos dentro del Pentágono puede representar uno de los cambios institucionales más significativos de los últimos años para la capellanía y la atención espiritual en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Sin embargo, su importancia podría ir más allá del ámbito estrictamente militar y merece ser observada con atención por quienes ejercemos la capellanía civil en este país.
El 30 de septiembre de 2026 se estableció oficialmente la Office of Religious Affairs, conocida por sus siglas ORA. El memorándum que ordena su creación señala que su propósito es fortalecer la preparación moral, ética y espiritual de quienes sirven en las Fuerzas Armadas. Al mismo tiempo, establece una estructura de alto nivel para atender los asuntos religiosos del Departamento.

No estamos hablando simplemente de la apertura de una nueva oficina administrativa. El Director de la Office of Religious Affairs tendrá acceso directo al Secretario y al Subsecretario, sin autoridad intermedia, y será el principal asesor en asuntos religiosos. Esto sitúa la dimensión religiosa y espiritual en un nivel de consideración institucional considerable.
Para quienes ejercemos la capellanía civil cristiana, la noticia merece una lectura cuidadosa, responsable y, sobre todo, libre de exageraciones.
La creación de esta oficina no significa que el Pentágono esté incorporando automáticamente capellanes civiles a las Fuerzas Armadas. Tampoco significa que se haya abierto una convocatoria general para contratar capellanes civiles ni que las organizaciones de capellanía puedan asumir funciones propias de los capellanes militares.
El propio documento establece claramente que la misión de apoyo religioso continúa realizándose principalmente a través de las capellanías de los departamentos militares, establecidas por la legislación federal. La nueva oficina no viene a reemplazar a esas capellanías. Su función será fortalecer, coordinar, representar y ayudar a proporcionar recursos para la misión religiosa y espiritual dentro de la estructura militar.
Pero precisamente dentro de esas disposiciones figura algo que debería llamar la atención de las organizaciones civiles religiosas y de la capellanía.
Entre las responsabilidades asignadas a la nueva oficina se encuentran procurar recursos para el ministerio religioso, instalaciones, infraestructura, logística, programas dirigidos por capellanes, capacitación y educación de capellanes y de equipos de apoyo religioso, programas juveniles, apoyo religioso a familias militares, iniciativas basadas en la fe relacionadas con la reducción del suicidio y la resiliencia, además de servicios contratados a entidades religiosas no federales.
Esta última disposición es particularmente interesante.
El reconocimiento explícito de los servicios contratados a organizaciones religiosas que no pertenecen al Gobierno federal demuestra que la nueva estructura contempla la posibilidad de relacionarse con entidades externas cuando determinadas necesidades así lo requieran.
Debemos ser cuidadosos con la interpretación.
El memorándum no establece cuáles organizaciones serán contratadas, qué requisitos deberán cumplir, qué oportunidades específicas existirán para capellanes civiles ni cuándo podrían presentarse esas oportunidades. Afirmar algo diferente sería adelantarnos a decisiones que aún no se han tomado.
Pero tampoco deberíamos ignorar lo que está ocurriendo.
Existe ahora una oficina de alto nivel encargada de asuntos religiosos, con responsabilidad en recursos, presupuesto, políticas, capacitación, investigación y relaciones externas. Y esa oficina tendrá, además, representación en asuntos religiosos ante el Congreso, otras agencias gubernamentales y organizaciones religiosas civiles que respaldan a los capellanes militares.
Por eso la pregunta para quienes trabajamos en la capellanía civil es inevitable. ¿Podría esta nueva estructura generar en el futuro mayores oportunidades de cooperación entre las instituciones militares y las organizaciones civiles religiosas debidamente preparadas?
La respuesta responsable en este momento es que podría serlo, pero aún debemos esperar el desarrollo de la nueva estructura.
Y precisamente por eso este es el momento de prepararnos.
Existe una diferencia fundamental entre el capellán militar y el capellán civil. El capellán militar forma parte de una estructura establecida por las Fuerzas Armadas, está sujeto a requisitos específicos y desarrolla su ministerio dentro de esa institución. El capellán civil presta su servicio en hospitales, cárceles, centros de rehabilitación, organizaciones comunitarias, instituciones educativas, situaciones de emergencia, programas de asistencia social y en muchas otras áreas de la sociedad. Su misión puede ser profundamente espiritual, pero su autoridad, preparación y ámbito de actuación no son los mismos que los de un capellán militar.
Reconocer esa diferencia protege la credibilidad de ambos.
Pero ser diferentes no significa que nunca puedan existir áreas de colaboración.
De hecho, uno de los aspectos más importantes del nuevo memorándum es que ordena identificar las necesidades religiosas que actualmente no cuentan con financiamiento suficiente. Dentro de los 90 días siguientes a la emisión del memorándum, los departamentos militares, en coordinación con sus respectivos jefes de capellanes, deberán presentar un informe completo sobre las necesidades religiosas sin financiamiento o insuficientemente financiadas.
Entre ellas, aparecen nuevamente la prestación del ministerio religioso, las instalaciones, la logística, los programas dirigidos por capellanes, los programas juveniles, el apoyo a las familias, las iniciativas relacionadas con la reducción del suicidio, los servicios contratados a organizaciones religiosas no federales, la investigación sobre la preparación espiritual y la capacitación de capellanes y equipos de apoyo religioso.
Este punto puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece. Porque primero se identificarán las necesidades. Después tendrán que definirse recursos, presupuestos, programas y mecanismos para responder a ellas.
El memorándum establece, además, un plazo de 60 días para desarrollar un plan inicial de financiamiento de la nueva oficina para el año fiscal 2027 y un plazo de 90 días para avanzar en su establecimiento formal dentro de la estructura del Departamento e identificar las posiciones civiles y militares necesarias para su funcionamiento.
Por lo tanto, estamos observando el comienzo de un proceso y no su resultado final.
Esta distinción es esencial.
Para los capellanes civiles de Estados Unidos, la noticia no debería provocar una carrera por conseguir puestos que aún no han sido anunciados. Debería producir algo mucho más importante, una reflexión sobre nuestro nivel de preparación.
Si en el futuro aumenta la cooperación entre instituciones gubernamentales y organizaciones religiosas externas, no bastará con tener una credencial que diga “Chaplain”.
La capellanía del siglo XXI exige preparación. Exige formación académica, ética profesional, protocolos de confidencialidad, conocimiento de la intervención en crisis, prevención del suicidio, duelo, trauma, relaciones familiares, comunicación, acompañamiento espiritual y capacidad para reconocer cuándo una situación requiere la intervención de un profesional especializado.
También exige algo que a veces resulta difícil de comprender. Aprender a servir a personas que no creen exactamente lo mismo que nosotros. Quienes somos capellanes cristianos no tenemos que esconder nuestra identidad cristiana ni abandonar nuestras convicciones para servir en una sociedad plural.
Pero existe una profunda diferencia entre compartir nuestra fe y utilizar nuestra posición para imponerla.
El capellán está presente muchas veces en el peor día de la vida de otra persona. Puede encontrarse frente al soldado que acaba de recibir una noticia devastadora, la madre que teme por su hijo, el veterano que intenta reconstruir su vida, la familia que atraviesa una crisis, la persona que enfrenta una enfermedad, alguien que ha perdido a un ser querido o quien siente que ya no puede continuar.
En esos momentos, antes de hablar, el capellán debe aprender a escuchar. Antes que juzgar, debe acompañar. Antes de dar una respuesta, debe comprender la pregunta. Y antes de defender su propia posición religiosa, debe recordar que frente a él hay un ser humano que merece dignidad.
El memorándum que crea la “Office of Religious Affairs” contiene precisamente una salvaguarda fundamental. Nada de lo establecido puede interpretarse como una obligación de participar en actividades religiosas ni como una disminución del derecho al libre ejercicio religioso de los miembros del servicio, de los empleados civiles o de los familiares, sean personas de fe o sin afiliación religiosa.
Ese principio debería ser entendido por todo capellán.

La libertad religiosa no se limita a defender mi derecho a creer. También significa defender el derecho del otro a creer de manera diferente. El capellán cristiano puede mantener firmemente su fe en Jesucristo y, al mismo tiempo, tratar con respeto a un judío, musulmán, budista, hindú, a un miembro de otra tradición religiosa o a una persona que no profesa ninguna religión. Eso no disminuye nuestra fe. Define nuestra capacidad de servir.
La creación de la Office of Religious Affairs también puede plantear un desafío importante para las organizaciones civiles de capellanía.
Si en algún momento se presentan oportunidades de cooperación, contratación, capacitación o programas conjuntos, las organizaciones serias deberán estar en condiciones de demostrar algo más que entusiasmo. Deberán demostrar estructura. ¿Quién capacita a sus capellanes?
¿Qué preparación reciben? ¿Qué requisitos existen para otorgar credenciales? ¿Existen códigos de ética? ¿Hay protocolos para trabajar con personas en crisis? ¿Se enseña confidencialidad? ¿Saben los capellanes identificar el riesgo suicida? ¿Conocen los límites entre el acompañamiento espiritual y el tratamiento psicológico? ¿Comprenden cuándo deben referir a una persona a un médico, psicólogo, trabajador social, abogado u otro profesional? ¿Existen procedimientos de supervisión y responsabilidad institucional?
Estas preguntas pueden parecer administrativas, pero en realidad marcan la diferencia entre una organización que simplemente entrega credenciales y una institución profesional de capellanía.
Por eso considero que la noticia que llega desde el Pentágono también debe interpretarse como un llamado a elevar nuestros propios estándares.
La oportunidad, si llega, encontrará mejor posicionados a quienes comenzaron a prepararse antes de que apareciera.
Para organizaciones civiles dedicadas seriamente a la formación de capellanes, este puede ser el momento de revisar los programas académicos, fortalecer la capacitación, establecer protocolos claros, documentar la experiencia institucional y estudiar cuidadosamente las futuras regulaciones y oportunidades que surjan de la Office of Religious Affairs.
También debemos evitar convertir esta noticia en un debate partidista.
La capellanía debería ser capaz de sobrevivir a los cambios políticos porque su misión fundamental no está vinculada a ningún partido político. Los gobiernos cambian.
Los secretarios cambian. Las administraciones cambian. Pero el soldado que siente miedo, el veterano que necesita acompañamiento, la familia que enfrenta una pérdida y la persona que atraviesa una crisis espiritual seguirán necesitando a alguien preparado para estar a su lado.
La verdadera pregunta, entonces, no es solamente qué hará el Pentágono con esta nueva oficina.
La pregunta para nosotros es qué clase de capellanes queremos ser cuando llegue el momento de servir.
La creación de la Office of Religious Affairs no convierte al capellán civil en capellán militar. No garantiza contratos. No crea automáticamente nuevos empleos. No autoriza a una organización civil a presentarse como parte de las Fuerzas Armadas. Pero sí coloca los asuntos religiosos, la preparación espiritual, la resiliencia y el trabajo de la capellanía en un espacio institucional de alto nivel. Y sí reconoce expresamente áreas en las que pueden existir servicios provenientes de entidades religiosas externas.
Eso merece nuestra atención.
Durante los próximos meses será necesario observar quién será designado para dirigir la oficina, cómo se desarrollará su estructura, qué presupuesto recibirá, cuáles serán las necesidades identificadas por las diferentes ramas militares y qué mecanismos se establecerán para trabajar con organizaciones religiosas externas. El borrador analizado señala acertadamente que la verdadera prueba será cómo esos recursos y políticas llegan finalmente a los capellanes y a las personas que necesitan su servicio.
Mientras eso ocurre, los capellanes civiles podemos hacer algo mucho más importante que esperar.

Podemos prepararnos.
Prepararnos académicamente.
Fortalecer nuestros conocimientos.
Profesionalizar nuestras instituciones.
Establecer mejores protocolos.
Capacitarnos en prevención del suicidio, intervención en crisis, acompañamiento familiar, duelo, trauma y resiliencia.
Aprender a trabajar de manera responsable en instituciones públicas.
Conocer nuestros límites profesionales. Y demostrar, mediante nuestro servicio, que la capellanía no es simplemente un título colocado delante del nombre, sino una responsabilidad hacia quienes nos permiten entrar en los momentos más vulnerables de sus vidas.
La puerta todavía no está completamente abierta.
El I.M.F.C. celebra este compromiso. La libertad religiosa solo tiene sentido cuando pertenece a todos, y es en los detalles cotidianos —un horario de capilla, una adaptación dietética, la celebración de un día festivo— donde este principio se hace realidad para un joven militar lejos de casa.
El contexto más amplio
La ORA surge en medio de una transformación más amplia de la vida religiosa en las fuerzas armadas, que el secretario Hegseth ha descrito como un cambio cultural vertical. Según informes de prensa, el Departamento ha reducido su lista de afiliaciones religiosas oficialmente reconocidas de más de 200 a 31, un cambio que, según los críticos, favoreció a las denominaciones cristianas, lo que llevó al Departamento a revisar la forma en que se agrupaban dichas denominaciones. También se ha ordenado a los capellanes que usen símbolos religiosos.
Pero, por primera vez, podemos observar con mayor claridad dónde podría encontrarse.
La Office of Religious Affairs acaba de comenzar su camino y todavía quedan muchas decisiones por tomar. Sería prematuro anunciar oportunidades que aún no existen.
Pero sería igualmente equivocado ignorar lo que este cambio puede representar.
Para quienes hemos dedicado parte de nuestra vida a la capellanía civil cristiana, este es el momento de observar, aprender y prepararnos.
Porque si mañana el Gobierno de Estados Unidos necesita organizaciones civiles capaces de colaborar de manera responsable en programas de apoyo espiritual, resiliencia, familias, prevención del suicidio o servicios religiosos especializados, la pregunta no será solamente quién desea participar.
La verdadera pregunta será:
¿Quién está preparado para servir? Y esa respuesta comienza a construirse hoy.
Guillermo A. Ahumada, Ph.D. Executive Director – Professional Chaplains Counselors International Multifaith Presidential Coalition Bishop – Christian Episcopal Church “Mercy of God” Phone: 818-263-2228 Email: capellanes2017@gmail.com




